Las matemáticas y las artes ante la pasión de Cristo

             (Francisco Nodar Manso (Universidade da Coruña)

           La especialización académica se ha ido paulatinamente alejando de la posibilidad de construir un modelo metodológico que dé viabilidad al estudio de obras de arte aparentemente tan dispares como la literaria, la música o las artes gráficas. En la actualidad, la idea de que las matemáticas tal vez deban incorporarse a los estudios literarios se aprecia en obras tales como El número de Oro, de Araceli Casansy De Arteaga[1] o La cuarta dimensión, de Raúl Ibáñez[2], libro en el que el estudio de la novela Planilandia. Una novela de muchas dimensiones, de Edwin Abbott,[3] ocupa un lugar muy destacado. Contienen las matemáticas entidades primarias ínfimas de las que es preciso partir para construir modelos interdisciplinarios estables. A dicha categoría de lo aparentemente insignificante pertenece el segmento y la función analítica, de las que se partirá para diseñar un modelo narrativo cuya validez se justificará con el análisis de la pasión de Cristo narrada en los evangelios canónicos y apócrifos, en la pintura y en el cine.

            Aquí se defiende que las formas del segmento debieran incluirse en toda teoría de la acción artística, como han hecho los estudiosos del símbolo o del arquetipo. El segmento puede ser recto, curvo o mixto. Tras las apariencias formales del segmento recto (horizontal, vertical e inclinado) se hallan esencias telúricas como la horizontalidad, la verticalidad, la profundidad, la dirección o la erección (como ocurre en el arte dedicado a los dioses de la fertilidad). Una prueba que acredita lo dicho lo proporciona Es que somos muy pobres,[4] obra en la que la vida y la muerte dependen de las manifestaciones del segmento río.

            El segmento curvo genera lo específicamente sensual y genital: lo cóncavo, lo convexo y lo redondo. El segmento mixto enlaza y combina rectas, curvas y rectas y curvas).

            Si se aplica lo que se ha dicho sobre el segmento podría proponerse una teoría de la formas y de la acción artística construida por las posibilidades combinatorias de los segmentos: a) recto; b) inclinado: / o \; c) cóncavo: vertical, horizontal e inclinado; d) convexo: vertical, horizontal e inclinado ). Dichas posibilidades combinatorias son la razón de ser de la caligrafía y las artes. Por ejemplo, la estructura de las notas ligadas como la de la melodía se ilustró con segmentos en el canto gregoriano, y dichos segmentos tenían nombre propio.

            Euclides, en los Elementos, dedica varias proposiciones a la línea y al segmento. Pero para el estudio de la acción artística, sobresale la afirmación de que todo segmento tiene un comienzo, un desarrollo y un final. El proceso descrito es el punto de partida de la acción aristotélica; el aporte de Aristóteles en su Poética consiste en diseñar un modelo que consta de tres partes y en conceder significado al desenlace, que puede ser feliz o desgraciado. No obstante sobre las consecuencias del final desgraciado no dice nada. La dimensión del segmento que describe Aristóteles pudiera ilustrarse con números del modo siguiente: 1-2-3 +/- final feliz. De las dos posibilidades que proporciona Aristóteles en la teoría del guión cinematográfico canónico se aconseja, por razones estrictamente económicas, que el final tiene que ser feliz. Pero el ideal del final feliz ni la secuencia narrativa que propone Aristóteles concuerdan con lo que sucede en el corpus artístico, en el que están presentes obras literarias y cinematográficas en las que se invierte el mencionado paradigma, como sucede en La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes o The Curious Case of Benjamun Button,[5] cuyo segmento narrativo es: 3-2-1 + final desgraciado.

            Con el alborear de la cultura los pitagóricos propusieron que el número es la esencia del mundo; como puede apreciarse en las tres partes del segmento dado, sea cual fuere el orden que adopten, la suma de las partes es el primer número perfecto y sagrado: el 6.[6] Además, la serie 1,2,3 está formada por los tres primeros números primos, y por lo tanto abarca el teorema fundamental de la aritmética, cuya formulación se atribuye a Euclides y se a enuncia: “Todo número natural se puede descomponer de forma única como producto de sus factores primos”.[7] Esto es: 1x2x3 = 1+2+3 = 6. Todo parece indicar que Aristóteles construyó un modelo narrativo perfecto inspirándose en los pitagóricos. De hecho también se llega a él utilizando la terminología: mónada, díada y tríada; que en el Evangelio de los egipcios[8] se expresa con la trinidad: el Padre, la Madre y el Hijo.

            En el modelo aristotélico, así como en otros sistemas narratológicos canónicos, no se desarrollan las consecuencias del final desgraciado, y por lo tanto no se puede partir de ellos para analizar un corpus artístico en el que la desgracia esté presente en los desenlaces de las obras que abarque el mencionado compendio artístico. El segmento de la vida de Cristo que se analizará comienza en el monte de los Olivos y finaliza en el Gólgota.

            En otro estudio se justifica que el desenlace desgraciado puede ser aceptado resignadamente por los personajes, o por lo contrario éstos pueden rebelarse ante la adversidad, conduciendo la rebeldía a la desesperación, la burla e incluso la blasfemia.[9] El paradigma descrito también está presente en el corpus que aquí se analiza. La pasión de Cristo se describe con seriedad y respeto en los evangelios y en multitud de obras artísticas; no obstante, en el citado corpus también habitan cuadros, y películas (Vida de Brian), en los que Jesucristo es objeto de burla y escarnio.

            Para fijar los pedestales de la pasión de Cristo se ha recurrido a las funciones analíticas. Una magnitud, o un hecho artístico, se transforma en función cuando se conocen sus variables. Por ejemplo, el espacio es una función de, como mínimo, dos variables: la velocidad y el tiempo; lo dicho se escribe: espacio = f (la velocidad, el tiempo). Como puede apreciarse, la existencia y las dimensiones posibles del espacio dependen de las variables. Lo mismo sucede en la pasión de Cristo, que se sintetiza con una serie de funciones y variables con las que se pretende proporcionar una visión lo más veraz posible de los hechos que se analizan, así como la repercusión que éstos han tenido en el arte.

            La primera función a tener en cuenta consiste en verificar si lo que se dice en los evangelios es consistente. Esto es: la verdad en los evangelios = f (incongruencias o identidades narrativas). Si se comparan los evangelios canónicos con los apócrifos se aprecia una clara contradicción entre ellos, dado que en los primeros los milagros los realiza un Jesús adulto; y en los segundos, un Jesús niño.   

            Pero en los evangelios canónicos también están presentes incongruencias que afectan directamente a las artes. Por ejemplo, Jesús con la Cruz acuestas es una imágen iterativa en la pintura y en el cine. No obstante, en tres evangelios se dice que el que cargó con la cruz fue Simón de Cirene: Marcos, 15:21: “Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene,  … a que le llevase la cruz. Mateo, 27:32: “Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. Lucas. 23:26: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.” Únicamente Juan afirma lo contrario: Juan, 19:17: “Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota. En la Biblia Vulgata se expresa el pasaje del modo siguiente: “Et baiulans sibi crucem exivit in eum, qui ducitur Calvariae locum, hebraice autem Golgotha. En un ensayo, que lamentablemente no recuerdo, se decía que lo que dice Juan es una traducción equivocada del arameo al griego. Tal vez Pier Paolo PasoliniPasolini conocía el significado veraz de las palabras de Juan, dado que en Il Vangelo Secondo Mateo, 1964, es Simón de Cirene el que carga con la Cruz.

            También produce incertidumbre el título que colocan en la cruz, desconcierto que también afecta a la pintura y al cine. Mateo, 27:37: “Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Marcos, 15:26: “Y el título escrito de su causa era: “EL REY DE LOS JUDÍOS.” Juan, 19:19-22: “Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS … y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Lucas 23:38: “Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.” La conclusión que se saca de lo que dicen los evangelistas es que el título se escribió en tres idiomas. A este hecho se atienen muy pocos pintores, entre los han de incluirse a El Greco, Velázquez o J. Tissot. No obstante, el uso del título I.N.R.I en las artes no respeta lo que se dice en los evangelios.

            En el reparto de las vestiduras de Jesús se aprecian tres actitudes contrapuestas. Según Mateo, 27:35 con el reparto se justificaba lo que se dijo el profeta: “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Marcos, 5:24: considera el reparto un acto lúdico: “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.” Juan, 19:23-24 enfatiza la codicia de los soldados y la profecía: “Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo … Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.”No obstante, para Jesucristo lo que estaba sucediendo era indigno: Lucas 23:34: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.

            Pero tal vez la mayor incógnita de los evangelios afecte a si Jesús sufrió físicamente o no. Lo dicho se defiende en el apócrifo: El evangelio de Bernabé (Fragmento italiano), en el que se dice en los apartados 1, 2, 3 y 4: “En el momento en que los judíos se preparaban para ir a capturar en el huerto de los Olivos a Jesús, éste fue arrebatado al tercer cielo. Porque no morirá hasta el fin del mundo, y se crucificó a Judas en su lugar.” Y continúa diciendo: “Dios permitió que el discípulo traidor pareciese a los judíos hasta tal punto semejante en su rostro a Jesús, que lo tomasen por él, y que, como a tal, lo entregasen a Pilatos. Y finaliza así: “Aquella semejanza era tamaña, que la misma Virgen María y los mismos apóstoles fueron engañados por ella.[10] En el mismo evangelio, Jesucristo justifica el engaño en los siguientes términos: “Como los hombres me habían llamado Dios e Hijo de Dios, mi Padre, no queriendo que fuese, en el día del juicio, un objeto de burla para los demonios, prefirió que fuese en el mundo un objeto de afrenta por la muerte de Judas en la cruz, y que todos quedasen persuadidos de que yo había sufrido este suplicio infamante.” De lo expuesto se deduce la existencia de una disyunción que conduce a la incertidumbre con respecto a la veracidad de la pasión de Cristo, por lo que sería correcta la pregunta: ¿Ha sido Redimida la humanidad?.

            Que Jesucristo no sufrió las aceradas garras del dolor se expresa en el El evangelio de San Pedro (Fragmento griego de Akhmin), en el que se dice IV.1: “Y tomaron dos malhechores, y crucificaron al Señor entre ellos. Mas él se callaba, como aquel que no siente sufrimiento alguno”.

            Otro momento en el que se evita que Jesús conozca el dolor físico lo proporcionan los dos ladrones. Según Juan, 19:31-36: “Entonces los judíos … rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí … Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. …Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas …  Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo.”

            El hecho de que la pasión sea considerada por en los evangelios canónicos una reproducción de lo que se dice en las Escrituras, hacen que Cristo se convierta paulatinamente en actor, desfigurándose así su misión redentora.[11]

            La segunda función de la que en realidad parte la tragedia de Cristo y se escribe: los sufrimientos de Cristo = f (redención del pecado original y de los pecados). Lo dicho nos enfrenta con una gran injusticia; en primer lugar, porque los que cometieron el terrible pecado de desobedecer a Dios fueron Adán y Eva, y no el resto de la humanidad. De hecho, lo sucedido en el Paraíso pudiera escribirse: la existencia de Dios = f (de la existencia de Adán y Eva); esto es, sin los humanos los dioses son inconcebibles. La apreciación se basa en la idea de que si tan grande fue la falta cometida por Adán y Eva, ¿por qué no los sacrificó Dios?.      Otra variable a tener en cuenta en el hecho de la redención es que se confunde el pecado con el delito. Condenar a toda la humanidad porque a Adán le gustaban las manzanas es una atrocidad.

            La tercera función afecta a la Omnipotencia de Dios, esto es: la Omnipotencia de Dios = f (de la obediencia de Cristo). Es precisamente la obediencia ciega de Cristo la que no atenta contra la Omnipotencia de Dios. Jesucristo tiene que cumplir la voluntad de Dios, sufrir y morir, y además, su vida tiene que atenerse a lo que vaticinan las Escrituras. La inminente presencia de la humillación, el dolor y la muerte motivan que Jesús dude del valor de sus actos, y está predispuesto a recuperar la libertad. En los evangelios canónicos se aprecia que Cristo estuvo a punto de desobedecer a Dios en el Monte de los Olivos. Marcos expresa la incertidumbre de Jesucristo del modo siguiente: Marcos, 14:32-36: “Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro ... Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse ... Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad .. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora … Y decía: Abba[12], Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.” En Lucas 22:41-43: “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, … Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” En Mateo, 26:37, 40: “Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.”

            La rebeldía contenida de Jesucristo justifica que un ángel fortaleciese su fe: Lucas,  22:43 “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.” El ángel que fortalece la obediencia adopta el género masculino o femenino en el arte.

            La tentación, la posibilidad de desobedecer, se manifiesta con claridad en lo que les dice a los discípulos: Lucas, 22:40: “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Mateo, 26:41: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”

            Juan sitúa la oración antes de la estancia en el huerto, tal vez para mitigar las dudas de Cristo, dado que según Marcos, él fue uno de los elegidos para escuchar sus temores: “Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan”.

            La cuarta función permite apreciar que la falta de fortaleza de Jesucristo ensalza la trascendental importancia que tiene en la redención la traición de Judas. De hecho, con su intervención imposibilita que Jesús evite la muerte. Judas es el chivo expiatorio que hace inevitable la muerte de Cristo. Según Lucas, 22: 3: “Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce.” Lo dicho puede escribirse: Muerte de Cristo = f (traición de Judas). Sin la traición de Judas Jesucristo no hubiese sido arrestado. Después del beso de Judas se desencadenarán una serie de acciones encaminadas a mermar la autoridad de Jesús: sus discípulos lo abandonan, en Marcos,14:50-52: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron”. Y Pedro afirma que no le conoce: Marcos, 14:66-68: “Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; … y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo: Tú también estabas con Jesús el nazareno ... Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada.” Jesucristo afronta la muerte solo.

            La quinta función afecta los dos ladrones. Sobre la crucifixión impera un solemne mutismo, no obstante, los evangelistas enfatizan insistentemente la crucifixión de los dos ladrones. Juan, 19:18: “y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.” Mateo, 27:38: “Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.” Marcos, 15:27: “Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda.” Lucas 3:32-33: “Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos ... Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.” El énfasis y el porqué de la presencia de los dos ladrones, según Mateo, 15:28: “Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.” Como sucedió con Judas, la presencia de los malhechores, del mal, de Satanás, era requisito indispensable para conceder veracidad a la Escritura y también para que la crucifixión fuese estéticamente perfecta. De tal modo que la presencia de los ladrones es la variable que concede veracidad a los acontecimientos y que además fusiona el pasado con el presente; es decir: que la utilidad de la crucifixión = f (presencia de dos malhechores sacrificados). Si los ladrones, tal vez asesinos, no estuviesen a la diestra y a la siniestra de Jesús, la crucifixión de Cristo sería un acto sin valor redentor. La participación de los malhechores es recompensada: Lucas 23:43: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
            Ha de observarse que tanto en la pintura como en el cine la escena de los tres crucificados suele ser de una belleza que roza lo místico. Tal vez, porque cada uno de ellos es un número primo que, sumados o multiplicados generan el primer número perfecto: el 6. Ha de observarse, que la perfección mencionada, la destrozan los innumerables crucificados que rodean a Jesús en La Vida de Brian.

            De lo dicho se concluye que si Cristo no obedeciese, Dios perdería uno de sus atributos más vitales: la Omnipotencia.[13] Como puede apreciarse Cristo es la variable de la función, y en consecuencia, sería suficiente que no aceptase que le desgarrasen las carnes para que la Omnipotencia de Dios se desvaneciese; de lo expuesto se deduce que Dios depende de lo que Cristo decida.

            La función sexta puede escribirse así: Cristo actor = f (humillación). Como ya se ha expuesto, Jesucristo llega a ser un plagio del  profeta de las Escrituras; y es precisamente este hecho lo que justifica la actitud hostil de los judíos; Jesús soportará estoicamente una humillación espantosa. 

            Son tres los padecimientos de Cristo que con mayor anhelo se han expresado en el cine y en la pintura: la flagelación, la burla y la crucifixión. Los sufrimientos de Cristo comienzan con la ira del sumo sacerdote y las injurias que provoca y sufre Jesús; los sucesos se narran en los evangelios y la ira del sumo sacerdote la retrató Giotto.[14] Según Mar. 14:53-55, 61-64: “Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote ,,, Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban ... Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? … Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte … Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le daban de bofetadas.” Lucas 22:63-65: “Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; … vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? … Y decían otras muchas cosas injuriándole. Mateo, 26:67-68: “Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban … diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.”

            La flagelación se expresa así en los evangelios. Marcos,, 15;1, 15: “Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato … Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado. Juan, 19:1: “Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.” Mateo, 27:26: “Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.”
            Los evangelios también aluden a las burlas de que es objeto Jesús. Marcos,, 15:16-20: “Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía … Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas … comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! … Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias ... Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.” De modo análogo describen el escarnio Juan, Mateo y Lucas.

            Pero tal vez el escarnio más oneroso es el que padece Cristo en la cruz. Mateo, 27:39 “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, Mateo, 27:40 y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Marcos,, 15:29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, Marcos,, 15:30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz. Marcos,, 15:31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. Marcos,, 15:32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le injuriaban. Lucas 23:35 Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Lucas 23:36 Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, Lucas 23:37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Mateo, 27:41 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: Mateo, 27:42 A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Mateo, 27:43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Mateo, 27:44 Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.
            Pero la burla más atroz se produce justo cuando Jesús agoniza y tiene lugar el juego de palabras Eloi y Elías. Marcos, 15:33-37 “Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena … Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? … Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías … Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle … Mas Jesús, dando una gran voz, expiró.

            La función séptima afecta al significado de la resurrección, y pudiera escribirse: el reconocimiento del Cristo = f ( resurrección). La resurrección, que se omite en la película From the Manger to the Cross,1913, de Sidney Olcott, motiva que los discípulos se reconcilien con Cristo. No obstante, la resurrección exige que se demuestre, y la prueba que aporta Jesús es la llaga. La llaga suscita la risa en un considerable número de cuadros. En ellos se identifica la llaga con los genitales femeninos.

            La octava función y última función que aquí se expone afecta directamente a la representación de la pasión en las artes, y puede escribirse: las visiones de la pasión en el arte = f (huecos narrativos de los evangelios). En los evangelios no existe ningún pasaje en el que se utilice el ensañamiento con el propósito de presentar a un Jesucristo retorciéndose de dolor. Por lo contrario, la posibilidad de sufrimiento está tácita en el léxico: “corona de espinas”, “cruz”, “crucificar” o “latigazos”. En los evangelios, como en las matemáticas los números, el léxico carece de referente explícito, y en consecuencia, el vacio cognitivo lo ocupa la imaginación del artista; lo mismo sucede con el número: 1, por ejemplo, carece de referente, y en consecuencia no alude a nada concreto; lo mismo sucede con el 2, no obstante si se comparan brotan mundos que se asemejan al de las artes. Por ejemplo, las posiciones de ambos números producen dos cantidades diferentes; 12 y 21. Se puede partir de la posición de los números para analizar en las artes las dos posiciones que se han adaptado para retratar la pasión de Cristo: la seria y la burlesca; asimismo, en la actitud seria se perciben dos intenciones dispares. Artistas como Giotto, G, Doré, Pier Paolo Passolini (Il Vangelo Secondo Mateo, 1964) o RobertoRosselline (Il Messia, 1975)se aproximan a los padecimientos de Cristo utilizando imágenes que no provocan miedo ni terror; RobertoRosselini no permite que el espectador presencia a un Cristo ensangrentado, por eso en  Il Mesias ni siquiera están presentes los hechos violentos que se narran en los evangelios. Por lo contrario, y tal vez para que provocar el sentimiento de culpa,[15] miedo y terror[16]  a través de imágenes eminentemente sadomasoquistas[17] se ha desarrollado un arte en torno a la figura de Jesús cuyo ambiente es equivalente al de las películas de terror. En la relación cine pintura en la que nos hallamos, tal vez sea J. Tissot el primero en percibir el filón del horror. De hecho, en sus acuarelas se inspiró Alice Guy para filmar en 1906 La vie du Christ.

            Afecta frontalmente a la producción artística la parquedad con la que se describen los hechos que acaecen en el trayecto comprendido entre el domicilio de Pilato y el Gólgota. Lucas 23:27 es el único que afirma que: “Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él.” Marcos, 15:22: “Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera.” Mateo, 27:33-34 omite todo comentario sobre el trayecto que conduce al Gólgota: “Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera … le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo; en términos análogos se expresa Marcos, 15:23: “Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.”

            En los evangelios, por ejemplo, no se describe como crucificaron a Jesús. Este hueco narrativo ha dado lugar a dos corrientes artísticas contrapuestas. La más común, es que Cristo fue clavado a la cruz. No obstante, J. Tissot retrata históricamente la crucifixión, que es la que se filma en la actualidad.

            Como se ha expuesto, el modelo narrativo basado en el segmento y en las funciones analíticas permite relativizar los acontecimientos, crear una polifonía entre lo aparentemente insignificante, las variables, y la magnitud, la función, originándose de este modo el universo serio, burlesco y sadomasoquista de las artes.

 



[1] Editorial Akrón, 2009.

[2] Editec, 2010.

[3]José J. de Olañeta, Editor, 1999. Título original: Flatland. A romance of many dimensions y publicada por primera vez en 1884.

[4] Juan Rulfo. El llano en llamas.

[5] Screenplay de Eric Roth basado en el relato corto de F. Scott Fitzgerald,

[6] El número 6 e perfecto porque la suma de sus divisores es 6.

[7] Enrique Gracián. Los números primos. Un largo camino hacia el infinito. Editec, 2010, pág. 15.

[8] Antonio Piñeiro Trotta. Textos Gnósticos. Biblioteca Nag Hammadi II. www.trotta.es.

[9] Francisco Nodar Manso. Aproximación al texto del corpus literario Universal. Edition Reichenberger, 1994.

[10] Los Evangelios Apócrifos.Publicados por Edmundo González Blanco en Internet.

[11] L. Burton Mack. ¿Who Wrote the New Testament? The Making of the Christian Myth . Harper, San Fco., 1996

[12] Significa papá. W.R.F. Browning. Diccionario de la Biblia. Ediciones Paidós Ibérica, 1998.

[13] La función dada constituye el pedestal sobre el que Miguel de Unamuno edifico su Sentimiento trágico de la vida: Dios es una función de la humanidad.

[14] Giotto narra la vida de Jesús en 23 frescos, de los cuales 5 retratan la pasión de Cristo.

[15] Carlos Castilla del Pino. La culpa. Alianza Editorial, Madrid, 1991

[16] J.A. Haught. Holy Horrors: An Illustrated History of Religious Murder and Madness. Prometheus Books, N.Y.,1990

[17]Erich Fromm. El dogma de Cristo. Paidós, 1994.